sábado, 21 de diciembre de 2013

Plato Putorana, paraíso del Yenisey.

Desde siempre he admirado enormemente la cultura rusa. Sus profundos escritores, su música evocadora y grandiosa, su avanzada ingeniería, su estilo de vida sencilla, su gusto por las ciencias y las matemáticas, su amor por los deportes. Los pueblos del Norte tienen en la gran Rusia una referencia, una casa, una madre. Rusia se debe a sí misma tanto como Asia y Europa se deben a Rusia. La enorme extensión de este país hace que la explotación de sus inconmensurables recursos naturales se convierta en una aventura de incierto final, con las cuentas de resultados siempre en la línea divisoria de lo ruinoso y lo más o menos rentable. Sólo la organización de un Estado potente como fue la U.R.S.S. posibilitó el desarrollo de las grandes extracciones y la consiguiente industria pesada. No había capital privado lo suficientemente osado como para intentar explotar la rica minería siberiana, en el infierno helado durante diez meses, en los que hombres y máquinas acaban sucumbiendo ante los elementos, y convertido en un cenagal impracticable infestado de nubes de mosquitos durante los otros dos tibios meses de verano. Así, surgieron las ciudades mineras siberianas, en lugares en los que de otro modo nunca hubiera existido asentamiento alguno, ni humano, ni animal.

En un país como Rusia, los grandes ríos resultaron providenciales para solucionar el transporte y el más importante de todos es el río Yenisey, impresionante arteria fluvial de unos 4.185 kilómetros, navegables casi en su totalidad.
A pesar de permanecer helado en la mayor parte de su trayecto durante seis meses al año, el Yenisey continúa siendo una de las vías de comunicación más importantes y transitadas de Rusia, con puertos en importantes ciudades como Krasnoyarsk, Kyzyl, Bratsk en su caudaloso afluente Tunguska tan amplio como el Ebro o el Danubio, Yeniseisk, Igarka, la gélida Norilsk, Dudinda, Ust Port y la ciudad de Dickson en su desembocadura en el Mar de Kara, ya cerca del Polo Norte, con la Península de Taimyr al Este y la Península de Gydansk al Oeste. El Yenisey con sus afluentes atraviesa los estados de Irkutsk, Yakutia y Krasnoyarsk, que se benefician de sus generosas aguas, caudalosas y con abundante pesca. El tráfico de barcos es contínuo, tanto de pasajeros como por supuesto de toda clase de mercancías. Numerosos cruceros turísticos atraviesan su curso cada año para disfrutar de sus fascinantes paisajes y muchos de ellos tienen como destino el remoto parque natural de la Meseta de Putorana, al Este de la misteriosa ciudad de Norilsk.

A Norilsk, la capital del níquel, que en realidad está a unos kilómetros del puerto de Dudinka, en efecto y aunque parezca increíble se sienten impelidos a ir una creciente multitud de turistas por diversos motivos: unos desean visitar la surrealista ciudad, con amplias avenidas y plazas y feos edificios del oficialismo soviético, y comprobar in situ las impresionantes condiciones climáticas de la ciudad, especialmente en invierno cuando el termómetro desciende a menos cuarenta grados centígrados durante varios meses. Allí los niños, a primera hora de la cruda mañana invernal, son estimulados a desnudarse en el jardín o en el patio de la escuela y a arrojarse entre ellos cubos de agua helada, ejercicio que todos se toman con alegría y sana deportividad, presumiendo de su resistencia, sabiendo que endurecerse y acostumbrarse al frío significa la supervivencia en esas latitudes. Las niñas se bajan el bañador hasta la cintura o se despojan de él para demostrar ante los chicos que son tan valientes como ellos y no temen el gélido contacto del agua directamente sobre su pecho desnudo. Los chicos más valientes, ante el regocijo general, se quitan todo y entre gritos y risas vierten el agua deshelada sobre sus pobres genitales.
Luego, se frotan enérgicamente con sus toallas mientras corretean para activar la circulación y entrar en calor. Tienen una salud de hierro. No existe apenas la enfermedad entre ellos, jamás tienen que acudir al médico salvo para obtener un certificado de defunción y además salen  de lo más espabilado e inteligente, ya que esos choques extremos contra el frío obligan a reaccionar al cuerpo y estimulan tanto las defensas como la actividad cerebral.

Norilsk tiene a pesar del gélido clima, muy buen ambiente nocturno y oportunidades laborales no faltan. Sus habitantes ponen al mal tiempo buena cara y acuden en tropel a los bares y discotecas que no faltan allí. Es fácil conseguir sustancias prohibidas para aliviar siquiera por unas horas la terrible soledad siberiana. Al ser una ciudad tan aislada, atrae a los aldeanos y nómadas de los alrededores y en los fines de semana la noche es intensa en la ciudad con los locales abiertos hasta el amanecer.

Otros, pernoctan en Norilsk o Igarka para al día siguiente fletar un helicóptero que les dejará con su equipo de acampada y supervivencia en uno de los lugares más prístinos del planeta: la meseta de Putorana.

La Meseta de Putorana se encuentra al norte de la provincia de Krasnoyarsk, donde apenas llega el verano y el humano jamás ha realizado asentamiento ni exploración alguna. Comprende los Montes Putorana, cuya máxima altitud es de 2037 metros, algo menos que nuestra Sierra de La Demanda, pero bastante más frío y sobre todo, extremadamente aislado del resto del mundo. Un lugar al que solo se puede acceder en helicóptero, que deja a su suerte al viajero al que viene a recoger en una fecha y hora estipuladas de antemano. Una vez allí, el viajero depende solo de sí mismo y del equipo que haya sido capaz de transportar, no hay comunicaciones de ninguna clase. Las emisoras de radio son confusas y caóticas. El primer cable eléctrico queda a más de mil kilómetros de distancia, no existe cobertura telefónica, ni GPS, ni nada de nada. Las brújulas ordinarias de parafina se congelan y no funcionan. Sólo el bravo río Kureyka, afluente del Yenisey, es el único enlace con la civilización a cientos de kilómetros de distancia.

Pero a cambio, el viajero disfruta de un paisaje que hollará su pie por primera vez antes que ningún otro pie humano lo haya hecho; un paisaje primigenio de suaves colinas cubiertas de hierba y cristalinos lagos en los que por primera vez beberá sus aguas un ser humano y se bañará en ellas. Lagos que nunca han conocido la huella de pies humanos en sus orillas, sólo los renos y el raro muflón del Putorana pastan por esos lares. Y eso tiene su precio, viajar al Putorana requiere una serie de permisos en los que el gobierno ruso saquea a su gusto al pretendiente de viajar allí. También es muy caro el equipamiento que se debe acarrear, todo ello preparado para condiciones extremas de frío, viento helado, nieve y hielo. Así que es un viaje reservado a los aventureros pudientes que buscan sensaciones únicas y que desean ser el primero que con toda seguridad se baña en uno de los miles de lagunas vírgenes de Plato Putorana, pesca en sus aguas o camina por sus estepas, seguros de no encontrarse con ninguna otra persona en el tiempo en el que estén disfrutando de su estancia en el parque. Tal vez puedan, con mucha fortuna, vislumbrar en la distancia un rebaño de muflones del Putorana, tímidos bóvidos en serio peligro de extinción, que huyen en cuanto olisquean al humano a cientos de metros.

Es preferible visitarlo en otoño, con las primeras heladas, ya libres de las molestas nubes de mosquitos que martirizan a los viajeros en verano. Se pueden ver caer las primeras nieves en las cimas de los montes, lo que indica que se aproxima el invierno en el Hemisferio Norte. También se puede disfrutar del espectáculo de la aurora boreal en todo su esplendor. No olviden ir armados con un buen rifle y una defensa eléctrica, un oso podría ponerles en serias dificultades si tiene hambre o descubre que están indefensos. Pueden tratar de ignorarle pero si está hambriento, será peligroso y cuando menos se pondrá bastante pesado. Aunque cambien de lugar su campamento, les perseguirá obstinadamente, recuérdenle quién es el que manda con unos disparos o con unas descargas eléctricas y no cruzará la línea de seguridad que le impongan. Jamás retrocedan ante él ni hagan ademán de huir, pues entonces sabrán que son más débiles y les devorarán. Y nunca le den de comer, ya no se lo podrán quitar de encima. Si se ven atacados por un oso, tienen pocas posibilidades de sobrevivir, pero si tienen la sangre fría y el valor necesarios, pueden ponerle a sus pies. Mientras se entretiene tratando de devorar su brazo, en lugar de ponerse a dar alaridos lo que debe hacer es usar su otra mano libre, la que no se está comiendo el oso, para con sus dedos atraparle la trufa de la nariz y retorcérsela con todas sus fuerzas. El oso sentirá tal dolor que le soltará automáticamente, pero todavía no le suelte usted a él, en ese momento háblele con calma  o no le diga nada mientras le inflinge un dolor insoportable y mantiene su mirada amenazadoramente contra la suya para que comprenda que es usted el que podría cazarlo a él, hasta que se ponga literalmente de rodillas ante usted. Piense que si no consigue someter al oso y aprovechando que le suelta, trata de huir, este le dará caza fácilmente y entonces no habrá segunda oportunidad; así que siga retorciéndole con saña la trufa de la nariz: el animal lanzará unos chillidos ensordecedores, pero usted le mirará desafiante a los ojos, probando su sumisión aflojando o apretando hasta que la bestia comprenda que ya ha tenido suficiente, que si intenta lanzarle un zarpazo apretará aún más y sabrá que ha perdido ante su superioridad evolutiva.
La otra manera es más drástica y se necesita mucho más valor, un buen cuchillo bien afilado y la destreza de un cosaco. Aprovechando que los brazos del oso son muy largos, láncese contra él cuchillo en mano, abrazándose a su vez mientras le hunde el cuchillo con todas sus fuerzas en el corazón. Permanezca abrazado a él y cuando sienta que afloja empújelo hacia atrás para que no se le caiga encima, piense que pesan cerca de cuatrocientos kilos, y apártese con rapidez porque su último hálito de vida podría llevar incluido su último y letal zarpazo.

Hay también osos blancos, más grandes, feroces y peligrosos aún que el pardo. Ante su aparición, refúgiense en una cabaña sólida y cierren las persianas de madera. Tardará varias horas o en el peor de los casos un par de días en marcharse, cuando se convenza de que la comida está demasiado difícil.
Pero el animal más peligroso en esas latitudes boreales es el lobo, astuto e implacable que siempre trabaja en equipo. Si se ve rodeado por una manada, la única opción que tiene de sobrevivir es contactar por radio lo más rápidamente posible con el helicóptero o el ejército y ser evacuado antes de que sólo encuentren de usted un montón de huesos roídos sobre la tierra helada. Para estos cánidos, el humano es una presa natural, les parecemos comida como a nosotros nos la parece un jabalí, unas perdices o un conejo de monte. Dispare a uno, escoja un macho fuerte, apunte bien y procure matarle al primer disparo, los demás se alejarán durante un rato, nunca el suficiente como para que no le puedan dar alcance fácilmente si intenta huir lejos; luego volverán y devorarán la carroña, tal vez eso le salve la vida. En cualquier caso, procure ser evacuado lo antes posible, antes de que se den cuenta de que sólo los puede matar uno a uno.

Por supuesto, las cámaras para inmortalizar la estancia son imprescindibles. Intenten llevar un buen equipo de grabación con varias cámaras y un par de ordenadores para ir procesando sobre la marcha. Procuren que siempre haya una grabando, ya que en esos lugares nunca se sabe qué y cuándo puede ocurrir algo interesante. Montando bien las imágenes obtenidas les quedará un interesante documental de su viaje que, por qué no, tal vez puedan vendérselo a alguna televisión que le interese. Hay muy pocos documentales sobre el Yenisey y aún menos sobre la Meseta del Putorana; tal vez puedan incluso rentabilizar su viaje exhibiendo su documental. Si lo consiguen, no tardarán en plantearse un nuevo reto aún más atrevido y peligroso, también en la inconmensurable Siberia: el río Lena, prácticamente inexplorado.

martes, 5 de noviembre de 2013

Charrán, el hijo del viento

Dado que la Naturaleza nos negó la capacidad de volar con nuestras propias alas, siempre nos hemos admirado ante las aves, que con sorprendente facilidad dominan este medio, cuya conquista nos ha costado tantos siglos de evolución a los humanos.
Y entre las aves, pocas nos maravillan tanto por la elegancia de su vuelo y por lo épico de su peripecia vital, como ese prodigio aeronáutico de la Naturaleza que es el charrán. A la observación de pájaros como este, debemos muchas de las soluciones técnicas aplicadas en la construcción de aviones y planeadores. Su dominio del vuelo, y sus rápidas maniobras acrobáticas realizadas con insultante facilidad, le permiten sortear sin mayores problemas a la abundante competencia de gaviotas, araos, cormoranes, frailecillos, albatros y otras muchas especies que pueblan los litorales europeos.
El charrán es amante del Norte, aunque se le puede ver, no mucho, por nuestra costa vasca, en ciertas épocas del año, presumiendo de señorío y dominando el litoral con su pasmosa agilidad.

El perfil del charrán ártico revela sus cualidades aerodinámicas.
A pesar de su modesto colorido, es un pájaro muy bonito. El charrán es poesía en vuelo, elegante y preciso sobre la superficie marina. Su esbelta silueta con las puntiaguda alas extendidas, más largas en el charrán ártico que en el charrán común, recuerda a un avión de caza. Su cola pronunciadamente ahorquillada, le permite acrobacias sin límite en el aire. Su diseño fuertemente contrastado, con el vientre y garganta blancos, dorso grisáceo hasta el obispillo y cara y píleo negros, así como el borde de las alas, realza esta impresión aerodinámica. Todo en él es una exhibición de la depurada perfección con que la Naturaleza dota a sus criaturas. Aún estamos muy lejos de conseguir una aeronave que se aproxime a sus cualidades.
Básicamente, hay tres especies de charranes, también conocidos como golondrinas de mar: el charrán común Sterna hirundo, que puede verse ocasionalmente en nuestras costas, el charrán rosado Sterna dougallii y el charrán ártico Sterna paradisaea. Sin duda, el que más gusta a los ornitólogos es el charrán ártico y de él vamos a hablar.

Esta especie tenía desconcertados a los científicos de todo el mundo, ya que sus costumbres eran casi desconocidas y por ende, muy difíciles de estudiar al pasar la mayor parte de su vida en el aire. Se conocía que emigraban hasta el Antártico gracias a los ejemplares anillados. Alguno de estos ejemplares anillados en Labrador fue encontrado cuatro meses después en Melbourne. Pero poco más. Hasta que en 2010 Carsten Egevang con un equipo científico, consiguió colocar sensores a varias parejas de estas aves formidables y esquivas. Con apenas 1.5g de peso, estos localizadores no interferían en absoluto con el movimiento del ave ni le molestaban para el vuelo, pesca o reproducción. Carsten halló interesantes datos tras meses de estudios apasionantes.
Migración anual del charrán ártico.

En vida, el charrán ártico realiza anualmente una migración de unos 71000 km, desde Groenlandia hasta el mar de Seawell en la Antártida. Se para a descansar unos días en las Azores y al continuar el viaje al Sur, la bandada se divide en dos grandes grupos: unos se dirigen al Sur por África y otros por América. Se reunen todos en el dicho mar de Seawell, donde permanecen otros cuatro meses, el verano austral. Cuando este toca a su fin, emprenden el camino hacia el Norte. Esto le hace conocer dos veranos al año. Es uno de los animales que más horas de insolación anual recibe.
Para el viaje de regreso, emplea menos tiempo que para la ida. Busca siempre tener a su aliado y protector Eolo soplándole de cola para favorecer su avance.

A lo largo de su vida, unos 34 años, el hijo del viento habrá recorrido la distancia equivalente a tres viajes de ida y vuelta a la Luna.

Un largo canto a la libertad.

Una proeza migratoria que ningún otro pájaro conocido iguala. Tal vez el siempre audaz Vencejo común, al que dedicamos un artículo, sea uno de los pocos que se le pueden comparar, al menos en tiempo de permanencia en el aire y cualidades aerodinámicas. Pero el largo viaje del charrán ártico no tiene parangón en el mundo animal.

Son carnívoros y se alimentan de peces que pescan lanzándose en picado desde el aire. Ocasionalmente no desprecian algún insecto que atrapen al vuelo; los crustáceos marinos y el krill son parte importante de su dieta. Pero además, su agresividad y dominio del vuelo les impulsa a robar con descaro la presa de otras aves u otros charranes, arrebatándosela en el aire, otra peculiar habilidad de este valiente pájaro. También tienen una gran variedad de vocalizaciones; cada charrán tiene su propio canto de llamada, algo muy útil a la hora de encontrar un nido entre millares de ellos. Se distinguen hasta ocho vocalizaciones distintas de alarma, llamada, apareamiento y otras diversas utilidades.
El hijo del viento en acción.

El charrán ártico es monógamo, se emparenta para toda la vida con la misma pareja. El galanteo es complejo con un elaborado cortejo. Tras el noviazgo, anidan en la costa o en la tundra, donde son frecuentemente acosados por los gatos y por las gaviotas que compiten también por el espacio de anidamiento disponible. Para defenderse, suelen anidar en tumultuosas bandadas junto con otros charranes, incluso de otras familias como el charrán común. La pareja se pone de acuerdo en la ubicación del nido antes de aparearse. Ponen de uno a tres huevos que empollan los dos progenitores, que asimismo se dedican indistintamente a la cría de los polluelos.

Son sumamente agresivos y defienden su nido con inusitada fiereza incluso contra animales más grandes; ataca sin dudarlo a las personas, a las que puede infligir molestas heridas punzantes arponeando las cabezas con su afilado pico en estilete entre un ensordecedor griterío. Si quiere sentir lo mismo que en "Los Pájaros", visite una colonia de charranes en plena cría: saldrá con la ropa desgarrada, la piel surcada de profundos arañazos, buena parte de su cabello arrancado a picotazos, un trepidante ataque de nervios y tendrá suerte si no sale tuerto del lance o despeñado tratando de huir de ellos. Recuerde que a pesar de su angelical aspecto son animales salvajes y pueden causarnos graves daños.

Una vez completado su desarrollo, los jóvenes abandonan el nido. Para la ocasión, les reciben jaurías de leopardos marinos que se dan cita anualmente frente a las zonas de anidamiento, esperando el primer vuelo de los nuevos charranes. Muchos caen al agua y son devorados por los fieros depredadores que se dan su festín anual de pájaros.

Los que consiguen sobrevivir a este vuelo, continuarán en el aire, aprenderán a alimentarse por sus medios, emprenderán el camino del Sur junto a sus padres, completarán el fabuloso viaje de regreso al gran Norte y se convertirán en hijos del viento.



martes, 17 de septiembre de 2013

Cosas de Beethoven

Como Shakespeare o Cervantes en literatura, la cumbre de la creatividad musical está representada en Beethoven y Mozart, dos compositores que si los trasladásemos a la música popular de hoy día, aunque suene fuera de lugar, serían como el dilema "Fender o Gibson ¿cuál es mejor?", para que tengan una idea aproximada de las adhesiones inquebrantables que profesan los forofos de estos dos grandes músicos. Adoro a Mozart, pero como su vida privada es muy popular, hoy les hablaré de Beethoven, cuyos méritos no sólo se limitaron a ser el mayor sinfonista de la Historia de la Música, sino que fue el pionero de multitud de mejoras, tanto técnicas como organizativas, e incluso en hacer burradas como la de incluir cañones en el estreno de La Batalla de Vitoria, sin las que la música de hoy día no sería como es.
El más grande. La imagen más clásica de Ludwig Van Beethoven.

Considerado por unanimidad el mejor pianista de la Historia, Beethoven fue contemporáneo de Mozart; de hecho, ambos recibieron clases del mismo maestro que no era otro que el gran Haydn, el creador de la sinfonía. Pero a diferencia de la precocidad de Mozart, el genio de Beethoven se manifestó más en su madurez, sin dejar de ser desde muy joven un cotizadísimo pianista y popular compositor. Beethoven tuvo una infancia muy dura. Su padre, Johann, un mediocre tenor que trabajaba en la orquesta del elector de Colonia, Maximiliano Federico,  estaba obsesionado con que Ludwig llegara a ser un músico famoso y para empeorar las cosas tenía un serio problema con la bebida. Llegaba a casa mamado perdido todas las noches y, levantándole de la cama, entre improperios y golpes, le obligaba a estudiar música. También a tocar el violín ante sus compañeros de borrachera. Pero a pesar de todo, Ludwig no sólo no acabó aborreciendo la música, sino que se convirtió en su refugio y en el instrumento con el que dió al mundo varias de las páginas más bellas jamás escritas.

El genio en pleno arrebato creativo. Su desaliño era incorregible y su salvaje
melena completaba su aspecto que remeda a los rockeros de hoy día.
Cuando se pudo librar de su puto viejo, Beethoven marchó a Viena, como hacía todo músico con aptitudes y serios propósitos de labrarse una fama y un lugar en la Historia de la Música. El ambiente musical en Alemania era impresionante. En Viena ya llevaba años como triunfador absoluto Mozart, mimado por la nobleza. Mozart por aquel entonces frisaba los cuarenta años, era un ídolo ultravenerado y su crítica era ley. Haciendo un paralelismo con nuestra época, era más respetado que Bruce Springsteen, Paul Mc Cartney, Mick Jagger y Bono juntos. Beethoven, con diecisiete años, mal peinado y aire de palurdo, fue presentado a éste como nueva figura del piano recién venida de provincias. Beethoven se sentó al pianoforte y tocó con el brío que le haría el más grande e imitado pianista de todos los tiempos. Mozart, que aunque no era mal pianista lo suyo era en realidad el clavicordio, impresionado ante el talento aún en bruto pero clarísimo del melenudo muchacho, dijo con su sorna habitual: -No pierdan de vista a este muchacho. Algún día logrará que el mundo entero se fije en él"-. Y probablemente culminó estas inquietantes y premonitorias palabras con una esnifadita de rapé seguidas de un sorbito de clarete.

Sin embargo, nunca fueron rivales, porque Beethoven, que tenía tanto carácter emprendedor como talento musical, ideó una nueva manera de ganarse la vida. Se negó a ser mantenido por un mecenas y, tras conseguir cierto dinero con sus ahorros de profesor de música y concertista en selectos salones, alquiló un teatro y puso entradas a la venta para todo el que quisiera asistir a la función. Una osadía a la que nadie, ni siquiera el gran y excéntrico Mozart, se había atrevido jamás. Nacieron los conciertos públicos como los conocemos hoy día. Por primera vez, la música salía de los salones de las grandes casas de la nobleza y se interpretaba para el gran público que, como se ha visto y se ve hoy día, tiene tan buen o mal oído como el noble. Beethoven fue el primer compositor que vivió de su música y además se hizo bastante rico con su idea.
El Incidente de Teplitz. Beethoven se negó de muy mal humor, a inclinarse 
ante el primer ministro Metternich, mientras que Goethe, que le acompañaba 
en su paeo por el famoso balneario, le saluda efusivamente, lo que Ludwig
consideraba indigno de él. El episodio ilustra la relación del músico con las 
clases dominantes, a las que nunca estuvo sometido.

El éxito fue enorme, aplastante, y los demás compositores de renombre, viendo dónde estaba el porvenir en el Arte, no tardaron a imitar su ejemplo y el gran público no tardó en tararear las melodías que antes habían estado vedadas al deleite de las clases más acomodadas. Entró por la puerta grande en la Historia de la Música, una puerta hecha a su medida. En aquel histórico concierto interpretó solo, ante el público voraz de oír buena música, sus sonatas y conciertos para piano, entre otras la famosa "Claro de Luna". Pero para este nuevo ámbito, los pianos que se fabricaban entonces no eran suficientes al gusto de Ludwig, que buscando más sonoridad y fuerza en su expresión, tocaba con tanto brío que solía romper con frecuencia los percutores, las cuerdas y hasta ambos a la vez. Quería un verdadero instrumento de concierto. Así que habló con el mejor fabricante de pianos de Alemania y mandó construir un pianoforte mucho más grande, resistente y completo, con una caja mucho mayor, aunque no tan grande como las actuales, un pedal más: el amplificador con la placa de hierro fundido que aumenta la sonoridad del instrumento en los momentos de brío requeridos, y añadió varias escalas más al teclado. El pianoforte como lo conocemos hoy día empezó con él. También fue el primero en utilizar sistemáticamente el nuevo invento del metrónomo, innovación imprescindible a partir de aquel momento para todo estudiante, aficionado o profesional de la música.
Partitura original de "Claro de luna", célebre sonata para piano.

Así, el 22 de Diciembre de 1808, en el Teather an der Wien tuvo lugar uno de los más importantes conciertos de la Historia de la Música de todos los tiempos, como gusta decirse ahora. En aquel recordado concierto, más de cuatro horas de música exclusivamente suya, Beethoven interpretó la Sinfonía nº 6, Pastoral de entrada; siguió con el aria de concierto Ah! Pérfido, seguida de dos movimientos de la Misa en Do Mayor y el Concierto para piano nº 4. Conluyó con la Sinfonía nº5 y la Fantasía coral. Era el fin del Barroco y el Romanticismo entraba de lleno en la cultura europea para airear el vetusto ambiente, con una nueva concepción de la música y la composición mucho más atrevida. La Sinfonía fue el género que triunfó en este nuevo mundo donde las ciudades empezaban a iluminarse por la noche y las Ciencias avanzaban hacia nuevos descubrimientos que repercutirían en la manera de pensar general y en el lugar que el Hombre buscaba para sí mismo en el mundo. Y nadie como Beethoven llegó tan alto en la expresión, manejo de la orquesta, innovación en las formas musicales y otras dificultades que requiere la composición de sinfonías, un género hecho para él en el que creó sus mayores obras maestras: sus famosas nueve sinfonías que todo el mundo conoce, especialmente el primer movimiento de la nº5 y la coral final de la nº9, el famoso "Himno a la alegría" con letra del poeta alemán Schiller. Consciente de su poder, consideraba la música como un vehículo para la dispersión de sus visionarias ideas morales y políticas. La sinfonía era el género perfecto para ello. Dejó tan alto el listón que hubo que esperar hasta Brahms, otro gran sinfonista e innovador,  para volver a escuchar sinfonías que merecieran la pena, por fin alejadas en lo posible de la enorme influencia de Ludwig Van Beethoven.
Amores apasionados: aunque sus alumnas caían rendidas a sus pies
sus excéntricos modales les acababan por asustar. Nunca se casó.

Beethoven no se casó ni se le conoce descendiente alguno. Tampoco era maricón, como Tchaikowski que tuvo serios problemas por su condición sodomita. Lamento decepcionar al colectivo gay o a los cotillas malpensados. Tuvo varios amores tórridos con sus fascinadas alumnas de clase distinguida que terminaron sin compromiso, ya que ellas, aunque se derretían por el ímpetu y pasión del genio acababan asustadas de sus bruscos y excéntricos modales, así que se tuvo que conformar con ver que sus palomitas huían con otro tipo más convencional o más guapo que él. En realidad, era demasiado genio como para perder el tiempo con mujeres, no tenía tiempo para tomarse en serio una relación formal y mucho menos un matrimonio, con las responsabilidades familiares y sociales que ello conlleva, unas complicadas normas de etiqueta que no eran para él. Estaba casado con su arte y sólo vivía para la Música, a pesar de que su fortuna llegó a ser cuantiosa, ser popular, buen conversador incluso apasionado; no era un tipo para nada aburrido y sin ser un crápula como Mozart, ocasiones no le faltaron. Para colmo, su sordera le llevó a aislarse cada vez más de las tumultuosas reuniones sociales a las que era inevitablemente invitado. En sus últimos años, apenas salía o paseaba por lugares donde sabía que no se encontraría con nadie y llevó su rechazo a la vida social hasta el extremo. Su desaliño y melena salvaje a la par que seducían a sus jovencitas alumnas, frecuentemente le llevaron a ser detenido por la policía, confundido con cualquier vagabundo o maleante callejero. La famosa Elisa, a la que escribió la archiconocida sonata para piano, no era su novia ni amante, ni estuvo enamorado de ella; se trataba de una alumna suya que le pidió unos ejercicios para perfeccionar el piano, y él le compuso esta pequeña sonata sin título, en cuyo encabezamiento llevaba escrito "para Elisa", en referencia a la destinataria. La pieza pronto se hizo muy popular y se pedía con ese título, con el que finalmente ha pasado a la Historia de la Música.

El 26 de Marzo de 1827, murió enfermo de neumonía y cirrosis. Su funeral y entierro congregó a miles de personas, toda Austria rindió homenaje al compositor que tuvo unas pompas fúnebres dignas de un jefe de Estado.
Su funeral fue multitudinario, miles de personas despidieron su ataúd y tuvo las honras fúnebres de un jefe de Estado.
Ya tienen suficiente como para empezar a indagar en la vida de este extraordinario músico y personaje, en cuya biografía encontrarán regocijantes anécdotas que les harán pasar un ameno rato de ocio, bastante más interesante que ver idioteces aburridas en la tele y mucho más divertido que ir al bar más de la cuenta, a gastar los cuartos de mala manera. Por supuesto, no se pierdan su música y no dejen de hacerse con una buena edición de sus sinfonías y obras principales o sus sonatas para piano interpretadas por algún músico de calidad. No compren mediocridades. Las mejores grabaciones son las de Deustche Gramophon, la discográfica más importante de la Música Clásica; si no las encuentra en esta prestigiosa casa, pruebe en DECCA, la otra gran compañía de Clásica tan prestigiosa como la alemana;  EMI Classics y Phillips también tienen buenas ediciones en sus catálogos. Las mejores orquestas que han interpretado sus sinfonías han sido, por supuesto, la Orquesta Filarmónica de Berlín y la Orquesta Sinfónica de Londres; son las que han dado su dimensión más completa y grandiosa a estas complicadas y grandes composiciones. También pueden ser de su agrado la Orquesta Sinfónica de Boston, la Philarmonia Orchestra, especializada en grabaciones, y la Orquesta Sinfónica de la Radio de Baviera, más especialista en otros compositores. El mejor director para Beethoven ha sido sin duda Herbert Von Karajan, aunque hay otros que han dado versiones muy interesantes, como Lorin Maazel, Frerenc Fricsay o Baremboim, entre otros muchos grandes directores que lo han interpretado. Procuren usar siempre que sea posible, un buen equipo estereofónico y si usan auriculares, intenten que sean de la mejor calidad posible, de esos con grandes cascos que tapan las orejas cómodamente. También pueden ponerlo como música ambiente en casa, compartiéndolo con toda su familia a quien sin duda, agradará la idea. A los niños les encanta la música clásica.

jueves, 11 de julio de 2013

¿Qué es la Wicca?

Avanza el siglo XXI y mientras en las zonas más pobladas y menos ricas de la Tierra triunfan las grandes religiones monoteístas, el Catolicismo y el Islam en sus distintas variantes, en las partes del mundo más desarrolladas material y culturalmente, estas religiones experimentan cada día más un claro retroceso en el número de sus practicantes. Pero el hombre busca una nueva espiritualidad que llene el vacío dejado por la abandonada práctica de la religión tradicional.

Foto: B.R. el Blog de Bernar
Ante esta búsqueda de Dios, unos optan por los cómodos predicadores televisivos; otros, van más lejos y entran en las tinieblas de un mundo que permanece oculto ante el moderno, bien por su idiosincrasia que se aparta de los medios tecnológicos, en una búsqueda de atávicos conocimientos relacionados con la Naturaleza y las fuerzas que la gobiernan, bien por que sus propios practicantes se imponen el secreto y evitan todo género de proselitismo. Son cultos neopaganos que rescatan antiquísimos ritos del arcaico mundo celta, egipcio y mesopotámico, en realidad cuanto más antiguos, mejor, y los actualizan para la práctica de una religión de corte inefablemente milenarista, que preconiza cierto regreso o evocación del mundo antiguo, tratando de rescatar y adaptar a la mentalidad actual conocimientos arcanos supuestamente originados en el orto de la Humanidad y que cada día tienen más adeptos entre hombres y mujeres de todas las edades que sienten que el mundo moderno no les acaba de satisfacer. Adeptos que llegan en un goteo lento y continuado, ocupando cada vez más espacio en el hueco dejado por el Cristianismo en Occidente. Sigamos el sabio consejo del gran Arrabal: "¡Hay que hablar de los mineralismos!".

Este culto tiene un nombre, en realidad más sugerente que antiguo. Se trata de la Wicca.

Podemos verlos e incluso contactar con ellos, por ejemplo, en la ceremonia anual en Stonehenge. Una parte de los que acuden allí son estudiosos de la Wicca. De hecho, el estudio de las paraciencias tradicionales es una buena parte del credo de estos nuevos druidas, aunque los verdaderos druidas, herederos de la tradición celta, constituyen una sociedad secreta sumamente cerrada que no admite a los wiccanos como iguales ni de lejos. Más astrología que Astonomía, más Mitología y Hermética que Filosofía, más brujería que Teología, Alquimia antigua mejor que Física y Química y sobre todo, la imprescindible Botánica, aplicada al conocimiento de las plantas curativas y venenosas, que es el conocimiento más importante de todo wiccano que se precie.

Foto: B.R. el Blog de Bernar
Hay dos formas de iniciarse en la práctica de la Wicca; una es la autodidacta, la forma más frecuente por motivos prácticos. El nuevo brujo, o mago, que ambas cosas gustan de llamarse a sí mismos los wiccanos, realizará un ritual de iniciación en un lugar secreto y que él mismo considere sagrado: el corazón oculto del bosque, el lúgubre interior de una caverna, la inmensidad de la estepa o del desierto a la luz de las estrellas o la luna llena, son los lugares propicios; también puede servir una iglesia, convento o edificio abandonado que produzca la adecuada inspiración en el neófito, es frecuente la elección de una nave industrial abandonada que posee un indudable aire catedralicio del todo conveniente para el efecto que se busca. Este ritual lo puede realizar solo o en compañía de otros nuevos wiccanos que deseen iniciarse en el culto. Puede inventarlo él mismo o basarse en rituales propios de la Wicca o de la tradición druídica y la hechicería. En resumen, probablemente acabará poniéndose en pelotas solo o con otras personas en cualquier lugar de los descritos, gritará unas fórmulas o salmos encontrados en algún libro inspirador y jurará ante sus nuevos dioses fidelidad eterna, pidiéndoles a su vez conocimiento y sabiduría. Un tatuaje o un amuleto colgado completan a menudo el ritual, que visto según por quién, puede resultar un tanto embarazoso.

La otra forma, más completa, es la de ingresar en un Coven, o grupo establecido de wiccanos, reconocido por los demás Coven. Algo, por otra parte, bastante complicado de conseguir, ya que son muchas y difíciles las pruebas que se le exigen al neófito para ser admitido en el secretismo del Coven. Uno de los votos precisamente, es precisamente el de guardar absoluto silencio sobre lo aprendido en el estricto ámbito del Coven y no revelar a nadie ajeno a él ninguno de sus secretos o conocimientos. De esta manera, creen preservar para sí un conocimiento o revelación que sólo ellos poseen, pero que en realidad la ciencia actual ha superado con creces hace decenas de años. En esto se parecen también a los druidas, que cultivan el secretismo profesional con enorme convicción, pobres pringadillos. Hay numerosas páginas en Internet de diferentes Coven, alguno incluso en España.También la historia de la Wicca, desde sus orígenes en Inglaterra a mediados del s. XX la pueden encontrar con facilidad, así como sus reglas de juego, sus diferentes variantes y la forma de acceder a uno de estos Coven.

Por supuesto, no esperen que los Wiccanos les expliquen la Teoría de Cuerdas, o la Conjetura de Poincaré, los progresos del CERN o el mundo cuántico. Pero si no tienen mayores inquietudes ni científicas, ni espirituales, pueden divertirse un rato haciendo el chamán vikingo por los bosques de los alrededores de su lugar de residencia, cubriéndose con una pelliza de piel de oveja (o taparrabos en verano, si hace mucho calor), con un yelmo guerrero en la cabeza y  una espada al cinto tal vez forjada por ustedes mismos, aullando gritos primigenios, entonando cánticos en lengua gaélica alrededor del fuego y bebiendo pócimas de beleño y estramonio preparadas por un viejo wiccano vestido con larga túnica y gorro de piel de lobo, para terminar todos bailando en pelotas alrededor de la hoguera fraternal y follando como locos por el bosque. Qué les puedo decir, a mí me parece estupendo; seguro que hay cosas mucho peores en el mundo.

Una noche de luna llena, cuya luz pálida y poética realza la belleza de la piel desnuda. Vámonos al bosque. A un lugar misterioso. A hacer locuras.

viernes, 7 de junio de 2013

Los Bries

Los ochenta fueron los años dorados de la verbena con grandes bandas que coparon la popularidad y el favor del público antes de ser desplazados por los nuevos ídolos de la música vasca que interpretaban sus propias creaciones. Estas grandes bandas se dedicaban a un género básico del entretenimiento como es el cover o dicho de otra manera, la interpretación de temas musicales famosos en su versión original, o en la versión más popular, como el horterón Himno a la Alegría de los Rainbow que bordaban los fabulosos Nekez.
Para triunfar en este género hay una cosa imprescindible como es ser buen músico profesional, mejor con estudios de música terminados. Otra cosa imprescindible era tener un representante, lo que ahora llamamos mánager, que buscaba los contratos por las comisiones de fiestas de toda España. Fue el lugar donde ganaron mucho dinero algunos de los que en su día terminaban piano o cualquier instrumento y buscaban rentabilizar sus estudios. La calidad del cover, la máxima fidelidad al tema original, era decisivo para captar la atención del público y convencer al representante de que había hecho una buena inversión. He visto por ejemplo, guitarristas que tocaban el difícil solo de "Sultans of Swing" hasta la última corchea sin fallar (el de los Jaiak, buen guitarrista a bordo de su Stratocaster genuina) o meritorios juegos vocales remedando a los gloriosos Queen (evidentemente, los famosos Egan, reyes indiscutibles del género, la banda que más dinero ha ganado en Guipúzcoa). Si en la primera gira la banda se ganaba el favor del público y llenaba plaza tras plaza, el representante conseguía contratos en plazas más importantes y aumentaba el caché sustancialmente. Si los músicos no estaban a la altura de las expectativas, la banda no progresaba y se quedaba tocando en pequeñas fiestas de barrio, como les ocurrió a los tristísimos Gogor, los pobretones Eros o los requetevagos Palmer.
Los más carismáticos se inspiraban en las grandes bandas internacionales del momento. Por ejemplo, Nekez se miraban en Deep Purple; Egan en Crosby, Stills, Nash & Young y los Eagles primero, y finalmente en los Queen; Bries en los Moody Blues y la ELO. Otros no tenían referentes concretos en ningún grupo como los duros Koska, que grabaron un disco, los fascinantes y siempre elegantes Klabelin Komik o los indescriptibles y macarroides Onofri que tenían sus fieles seguidores entre las hordas de la margen izquierda. También hubo algún caso de grupo que primero consiguieron la fama con sus propios temas y después aprovecharon el filón de la verbena institucional tirando de repertorio propio, como los Akelarre. Hoy contaremos cosas de una de las tres principales bandas que junto a Nekez y Egan ocupaban la deseada cima de azúcar del negocio del entretenimiento durante los ochenta.

Damas y caballeros: con ustedes, Los Bries.

Los Bries remedaban la etapa más gloriosa de los Moody Blues: guitarra, bajo, batería, sección de viento y un apabullante set de teclados que daba la forma definitiva a su elaborado y elegante sonido. Fueron los primeros en usar un Mellotron y otros teclados vanguardistas como el Moog y el Yamaha DX7 con los que reproducían con gran fidelidad grandes canciones muy complicadas como la conocida "Rose of Cimarron" de Poco, "Ride my see-saw" o "The voice" de los Moody Blues. También incluían en su repertorio clásicos del glorioso primer rock vasco de los 70, como el famoso "Euskalherri rock and roll" de Niko Etxart o "Asfaltuko lorea" de los Akelarre, y por supuesto, las animosas kalejiras, fandangos y arin-arin de la primera parte del espectáculo.
La banda la formaban José, cantante y además técnico de sonido; Riki, el guitarrista con su Les Paul; también Patxi, el bajista que más tarde se pasó a los Nekez, usaba en los Bries un potente bajo Gibson; Felipe, eficiente baterista a bordo de su elegante Ludwig; Alfonso, el encargado de los múltiples teclados que producían el muro de sonido inconfundible de los Bries y los dos Javis, Arbizu y Larrea, en la sección de viento. Todos eran además buenos cantantes y hacían con fácil naturalidad los complicados coros que el estilo de la época requería.
Precisamente los coros eran una de las especialidades de Bries en la que destacaban sobre todas las demás bandas. No tenían un cantante de voz espectacular a lo Mercury, como los Egan, pero por lo demás andaban sobrados de voces y tenían el set más completo de la escena del momento. Cantaban a seis voces maravillosamente bien. También fueron de los primeros en aislar la mesa de mezclas a distancia del escenario, con una manguera conectora. El técnico de sonido, que empezó como roadie, se llamaba Oscar, un legazpiarra muy popular.
Conquistaron las mejores plazas con su buena calidad y llegaron a repetir más de diez años consecutivos las fiestas del Arenal, en Bilbao. A mediados de los ochenta, renovaron su equipo de sonido, aumentaron la potencia e introdujeron los nuevos sintetizadores digitales recién salidos al mercado en aquella época, aunque Alfonso nunca renunció a su imprescindible y querido Hammond. Continuaron otra década poco más o menos, hasta que con la decadencia del género decidieron dejar la banda aún con el pabellón bien alto y aparcar la mítica furgoneta con el misterioso rostro gigante, logotipo de la banda, pintado en sus flancos en duros trazos a blanco y negro.

jueves, 2 de mayo de 2013

Gala Placidia

En todas las épocas se ha celebrado la belleza. La encarnación de Venus en un modelo humano ha conocido diversos cánones en las diferentes culturas y edades históricas, desde las ultra gordas del neolítico, a la mujer delgadísima que gustaba en la Edad Media y curiosamente, vuelve a ser el estereotipo de belleza femenina vigente, pasado por el tamiz del gimnasio y el deporte. La moda solía coincidir con el tipo de sociedad del momento y así, en los ambientes cortesanos y elegantes siempre han triunfado las delgadas, que debían lucir en los salones vaporosas y perfectas como copas de cristal, y ser capaces de llevar con naturalidad y elegancia vestidos ajustadísimos con imposibles corpiños, sin desmayarse cuando las apretasen el corsé; en las áreas rurales se prefería a la rolliza granjera, alta, fuerte, con salud de hierro y bien proporcionada sin ser oronda ni tener mucho sobrepeso; hoy triunfa la mujer esbelta y atlética, de musculatura bien marcada y esculpida perfección física, o la pálida flaca hasta lo enfermizo. En los momentos de hambruna y guerra se preferían a las macizas de anchas caderas, pechos como cántaros y poderosas nalgas, buenas para parir hijos y bregar en la casa, frente a las flacas consideradas en general como más débiles y con problemas para dar a luz.
Y por ese mismo devenir, en todas las épocas han existido mujeres idolatradas por su belleza, famosas y envidiadas entre las demás mujeres que, al igual que hoy día, eran objeto de deseo y ornato del prestigio personal de los afortunados del momento, en los tiempos antiguos igual que en los modernos, reyes, príncipes, nobles y ricos comerciantes. Las mujeres bellas pueden llegar a ser verdaderamente poderosas e influyentes, sobre todo cuando a su belleza se une una inteligencia igualmente excepcional. Algo que, por cierto no es algo infrecuente. Casi todas las mujeres verdaderamente bellas suelen poseer también el adorno de una notable inteligencia, todos conocemos muchos casos de hoy día que sería prolijo enumerar. 
Pero ninguna mujer ha brillado con la intensidad rutilante e inalcanzable de la más bella mujer de la Antigüedad, más fascinante que Cleopatra, más regia que Nefertiti, incomparablemente más hermosa que  Letizia de España, Rania de Jordania o Gracia de Mónaco y mucho más poderosa que todas ellas juntas. Con permiso de Helena de Troya, Gala Placidia podría haber sido la mujer más bella y deseada de todos los tiempos.
Gala Placidia, nacida aproximadamente en el 388, era hija del emperador romano Teodosio I y de su segunda esposa Gala, emperatriz consorte de Constancio III, emperador de Occidente. Era hija, hermana y madre de emperadores. Culta, elegante, refinada, exquisita y de una belleza que no dejaba indiferente a nadie, se convirtió en la persona más importante de su época. Ferviente cristiana, fundó numerosas iglesias y conventos a lo largo de su vida.
Durante el sitio a Roma , en el 409, fue hecha prisionera de los Visigodos, que la llevaron de tour en sus incursiones por Italia y la Galia. Allí se enamoró perdidamente de Ataúlfo, cuñado del rey Alarico. Al morir éste, Gala y Ataúlfo se casaron y se convirtieron en reyes de los Visigodos, en la Hispania post romana. Tuvieron un hijo, Teodorico, que murió muy joven. No mucho después, Ataúlfo murió asesinado por el criado de un noble al que quería matar. Le sucedió el malvado Ligerico, que deseaba ardientemente poseer a Gala Placidia. Esta no quiso corresponderle y Ligerico mató a los hijos de la familia real, redujo a Gala a la esclavitud y la mandó azotar. Tampoco consiguió doblegar la voluntad de Gala y la obligó a caminar semidesnuda y descalza ante su caballo, en una jornada de dieciséis kilómetros por los duros caminos de la época. No fue suficiente. A los siete días, apareció Wallia con un ejército, la rescató y le dió a Ligerico lo suyo. Wallia la devolvió a Roma, a cambio de mejorar los tratados de suministro de trigo con el imperio.
Su hermano Honorio la obligó a casarse con el general Constancio, con el que tuvo dos hijos: Valentino III y  Honoria. Honorio la deseaba intensamente y la intentó violar, lo que supuso un enorme escándalo que Gala Placidia aprovechó para poner tierra por medio y huir a Constantinopla donde, una vez coronado emperador su hijo Valentino III a la edad de seis años, ocupó la regencia hasta el 437. Murió en Roma, en el año 450.
Su vida tuvo todos los ingredientes para una película taquillera o un manga de éxito: aventuras y peligros sin fin, un romance apasionado, sexo, traiciones y conspiraciones en la sombra, poder; una bella y frágil princesa perteneciente a una de las familias reales más poderosas de la Tierra en aquel momento, que se ve envuelta en el centro del torbellino de las decisiones políticas más importantes de la época, rodeada de rudos guerreros y terribles monarcas visigodos.

miércoles, 1 de mayo de 2013

Grandes entusiastas de la flagelación

El aire es sofocante en la cámara de sumisión. El látex terso, el brillante charol de plexiglás y el cuero negro flexible relucen sobre el cuerpo de las Dueñas, enjoyadas con acero inoxidable, que arrancan gemidos, contorsiones y rechinamientos a las sudorosas esclavas, suspendidas de cadenas y vestidas únicamente con su preceptivo collar con argolla y su anillo de O, de acero inoxidable, que son azotadas con virtuosa precisión. Es la calentorra física del placer sadomasoquista, misterioso y fascinante, elegante y refinado, vicioso y transgresor, excéntrico y extravagante, que cada vez cuenta con más adeptos en todas las clases sociales, pero especialmente en las que gozan de una elevada posición cultural. Como decía el Marqués, las personas especiales tienen gustos especiales lejos de las apetencias vulgares de la gente corriente. Y el BDSM ofrece un mundo de posibilidades de placer sin más límite que el de la propia imaginación.
Existen sufrimientos y torturas para todos los gustos, algunos tan depravados como la coprofagia o el fist-fucking. Pero sin duda, la práctica más elegante por su tradición y por la disciplina que exige su dominio, es la siempre refinada flagelación.

Sí; nada como el espectáculo de una complaciente sumisa ofreciendo su desnudez al terrible resquemor del látigo, flotando en ese trance de sexualidad teatral en el que entran los participantes, mientras una Dueña bien entrenada busca con mano experta los puntos más erógenos de su esclava. Nada como el temor tembloroso de la muchacha obediente mientras es desnudada, cada vez más excitada por lo que va a permitir que la haga su Señora, o su Amo, en la que ha depositado su total confianza. El gusto por las relaciones Ama/o-esclava/o tiene adeptos en todas las culturas, con diferentes variantes según la moral imperante en cada lugar. En todos sitios existe el denominador común de un sofisticado pacto en el que dos personas interesadas, casi siempre pareja estable, intercambian seriamente los términos y límites de su relación. No esperen que una mujer que luce un anillo de O se vaya a ir con el primer sinvergüenza que le  proponga llevarla a su piso para zurrarla a su gusto. Eso sólo lo hará con su pareja, a la que considera Dueño/a y a la que se somete por voluntad propia como prueba de amor, porque le gusta eso como a otras les gusta el cine, el teatro o follar en los retretes de las discotecas; sin más.
La mayoría de mujeres que conozco, se pondrían como locuelas si se vieran ataviadas con las agresivas y glamurosas galas de charol rojo o negro, que convierten a las mujeres en lúbricos seres fantásticos de la Noche, liberándolas de la parte más represiva de su personalidad; calzadas con las botas de tacón de aguja que levantan las nalgas y obligan a contonearse al andar; vestidas con un ceñido corsé con apliques cromados, con los senos al aire; a otras les gusta llevar modelos que dejen a la vista el coño; también a muchos hombres de este ambiente, especialmente a los bien dotados, les gusta lucir su chorizo ostensiblemente tieso. Sé de muchos que desde que vieron alguna escena de sado suave, descubrieron en sí mismos el deseo de la sumisión, o de lo contrario, y se vieron arrebatados por un instinto irresistible que les arrastraba irremediablemente a la perdición, llegando a confesar abiertamente que a ellos lo que les va es que un par de tías en bragas les den tas tás con una fusta o lo que sea. Una vez convenientemente vestidos para la función, cada uno escoge su rol. Hay quien en realidad no puede vivir sin los zapatillazos de su madre, o los bastonazos de su profesor, y busca un sucedáneo conveniente.

Naturalmente, no se puede dejar de hablar del refinamiento alcanzado por los ingleses en este arte, a pesar de que muchos de ellos se quedan en el siempre reprimido spanking sin bajar las bragas. Una reminiscencia tal vez, del confuso placer que sienten muchos padres al azotar decentemente a sus hijas, o puede que viceversa, el recuerdo de las correctivas azotainas que te daba papi por haber sido una niña mala. A fin de cuentas, con frecuencia una cosa lleva a la otra y así se inician estas tradiciones familiares. Como en todo, en el arte de flagelar los ingleses son sumamente civilizados, van sobre todo a la teatralidad y a la parafernalia y rara vez se hacen daño de verdad. Aunque siempre hay a quien le gustan las sensaciones más fuertes y acaba ascendiendo de grado en la escala de la tolerancia al dolor, entrando en clubes muy privados donde se practica la flagelación auténtica, con látigos de verdad, de piel finamente trenzada, flexibles varas de fresno para la práctica del caning y terribles bastidores que permiten inmovilizar a la sumisa/o dejándolo de rodillas con las nalgas adecuadamente expuestas, crucificado, atado en aspa o suspendido de las muñecas, según las preferencias de cada cual. Allí resuenan los ahogados gemidos y rechinamientos que el látigo arranca a los esclavos; el semen se derrama a chorretones sobre ellos, que lo reciben en sus bocas con agradecimiento, sumergidos en la semioscuridad espesa que reina en la cámara de tortura.

Especialmente aficionados a darse mulé son los orientales y entre los orientales, nadie como los japoneses. Su cultura les inculca soportar estoicamente el dolor y no pierden la ocasión de demostrar sus virtudes en esta exigente disciplina espiritual. Así también tratan de compensar el pequeño tamaño de su pene, sumamente esmirriado comparándolo con la media occidental, insultantemente suficiente. No hay película erótica Coreana,  Thailandesa, Camboyana, China o Birmana, en la que alguien no acabe bajo el sonoro látigo de un cruel amante o de una dominante esposa. Pero los japoneses alcanzan unas cotas de resistencia al sufrimiento físico dignas de admiración. Nadie domina como ellos el arte del bondage, el sofisticado y ancestral Shibari y la práctica del Kimbaku, que en Japón es un elaborado arte erótico al que se prestan muchísimas mujeres, no necesariamente sumisas, para percibir el aumento de la sensibilidad en sus zonas erógenas que las ataduras sabiamente aplicadas por expertos en esta antiquísima práctica producen, consiguiendo extenuantes orgasmos. Las japonesas son increíblemente cochinas con el sexo, les gusta hacer de todo y son lúbricas como gatas siamesas. Van mucho a lo psicológico, con situaciones extremadas o enfermizas, cargadas de tensión sexual a punto de estallar. Lo suyo es todo real, nada de los suaves látigos de tiras de neopreno que se usan en Occidente; llegan a levantarse la piel de las nalgas a latigazos y de hecho, lo normal para ellos es no parar hasta llegar a este doloroso extremo, que soportan con admirable paciencia.

Otro standard muy habitual y más doméstico, que usted puede probar para iniciarse, es el de atar a su chica en el bosque, suspendida por las muñecas de la rama de algún árbol, completamente desnuda o semidesnuda, para esto hay tantos gustos como parejas, y demostrarle su amor azotándola sin piedad mientras siente el viento del monte recorrer su cuerpo, una escena que recreó Buñuel en "Belle de jour". Otros, se montan la función en un granero o en una fábrica abandonada, según prefieran la estética campestre o la industrial. En fin, la imaginación humana es ilimitada, sobre todo para concebir nuevas variantes de placer. Encuentre la que le guste a usted y sorpréndanos.

jueves, 10 de enero de 2013

Don Pablo

Aquel día, Don Pablo debía haber discutido con su mujer o algo así, porque tenía un humor de todos los demonios, de ser capaz de comerse un niño por la calle en un arrebato iracundo. Don Pablo tenía la frustación acumulada calentando la caldera de su cabeza, cuya presión subía y subía hasta que inevitablemente, algo tendría que estallar para aliviar tanta compresión hiperbárica. Pero nosotros no sabíamos nada de eso e inocentes, practicábamos diversos deportes en el gimnasio del colegio. Ya estábamos a mediados de octavo y pensábamos más en el Instituto o en la Profesional que en seguir siendo niños en aquel interminable curso, donde nos trataban como a verdaderos mocosos. Don Pablo nos enseñaba Sociales y estaba a cargo de las dos horas semanales de Educación Física. En esas dos horas de deporte, los que querían jugar al fútbol ocupaban el patio y los "intelectuales" nos íbamos al gimnasio, sin el profesor, donde no hacíamos absolutamente nada.
Don Pablo llegó resoplando como un gorila enloquecido.

La vida era bella mientras en animada conversación jugábamos con las paralelas, trepábamos por las espalderas, intentábamos izar las halteras con nuestros débiles brazos, subíamos un par de nudos de la cuerda o nos colgábamos como chimpancés de las anillas olímpicas. A mí me solía gustar cruzar la escalera de mano horizontal que había que superar suspendido de los brazos, algo que se ve mucho en las películas norteamericanas de marines. Tampoco me agotaba haciendo este ejercicio, ni ningún otro. Prefería reservar mis fuerzas para pajearme compulsivamente, que era la actividad física principal que me ocupaba en aquella época. Justo estaba terminando penosamente la escalera, cuando los dos batientes de la puerta de entrada del gimnasio se abrieron violentamente de un golpe o tal vez patada.

Era Don Pablo. Venía resoplando como un gorila enloquecido, como una locomotora a toda máquina.

Todos miramos a la puerta, alarmados y detuvimos en seco toda nuestra actividad al ver la entrada del toro bramador. Todos menos Merino, que le salió a recibir alegremente, como si no pasara nada, en pantalón corto de deporte bien subido marcando su descomunal chorra nítidamente a través del fino tejido, con los brazos abiertos, cimbreante cintura y jovial actitud. El bueno de Merino iba para la profesional porque no se le veían luces para el Instituto. Con todo, había aprendido las virtudes del peloteo a tiempo. Pero Don Pablo detestaba a los pelotas, por lo menos a los pelotas del estilo de Merino.
Merino calculó los beneficios de recibir al profesor acompañándole cual atento secretario hasta el resto del grupo, pero esta vez algo le falló y con su -¡Eh, Don Pablo! ¿qué passa?- el simpático Merino se interpuso en el camino de la locomotora sin intuir el peligro.
Merino salió a recibirle jovialmente, meneando
la cintura y marcando paquete con sus ceñidos 
pantaloncitos de deporte.

Don Pablo le metió un hostión que lo mandó volando hasta el tatami de judo, dos pasos a su izquierda. Una hostia neta y resonante. Una hostia salvaje y abusona. Una hostia definitiva. Aún puedo oírla con claridad, restallando en la cara de Merino, cogido de lleno por sorpresa. Aún recuerdo como a cámara lenta, la mano abierta de Don Pablo atravesando el aire casi a la velocidad del sonido, hasta el tremendo y sonoro impacto, las gafas de Merino saliendo catapultadas por la inercia del salvaje bofetón y al propio Merino levantando los pies del suelo, despegando como un cohete detrás de las gafas, con sus mejillas tremolando por el desplazamiento de la carne al absorber el impacto; todo eso en el segundo aproximado que duró la secuencia en tiempo real. La mejor bofetada que habíamos visto desde la que Arbizu, el de inglés, le metió a Boticario unos meses antes: atravesó tres filas de mesas girando como una peonza, hasta detenerse contra la pared. Pero aquella la tenía merecida. Por chulo.

Mientras el noqueado Merino se recuperaba, recogiendo a tientas las gafas, levantándose cautelosamente del tatami y recomponiendo su desparramada cojonera, Don Pablo llegó como un ciclón hasta nosotros. Menos mal que Poza, el primero de la clase que se sabía intocable, veló por nosotros. Poza era un buen chaval, inteligentísimo y avispado, no crean que era el típico empollón, nada de eso, lo suyo era pura genética y los profes le respetaban casi como a un igual. Incluso yo reconocía su perfección mental. No es que fuera un genio, pero tenía sus cualidades. Con fría calma, haciéndose ver, Poza se adelantó y como delegado de curso, pidió con aplomo las pertinentes explicaciones. Don Pablo lo hubiera estrangulado a gusto, pero ante la superioridad aplastante de Poza, se contuvo. Al fondo se veía a Merino ya incorporado en el tatami, con las orejas de soplillo encendidas como faroles, atento a lo que ocurría pero manteniéndose en una distancia prudente, por si se le escapaba la segunda. Nos mandó secamente que nos cambiásemos y volviésemos a clase. La hora de gimnasio había terminado.

Cuando regresamos a clase, encontramos que todos los demás ya estaban allí, sentados ordenadamente cada uno en su pupitre. Un extraño clima se respiraba. Un silencio espectral de terror contenido atenazaba la clase entera. Nos mandó sacar el libro y los apuntes de Sociales y estudiar hasta el fin de la hora. Nadie rechistó. Más tarde nos enteramos de lo que había ocurrido. Al parecer, el Cajigas, un chaval del Instituto amigo de los malos de clase, había arrancado un grifo de las fuentes de agua potable que había en el patio. Don Pablo se había vuelto loco y se había liado a hostia limpia con Torres, porque se le puso chulo, y con el inocente de Goñi, porque sí. Al pobre Goñi le toco lo más impactante. Le pegó lo que quiso, mientras deliraba cosas de esta índole:
-Porque yo- tortazo -aquí- otro tortazo -soy un chulo- más tortazos.
-¿me habéis entendido?- serie de hostias seguidas sobre la cabeza de Goñi -un chulo. A ver ¡llámame chulo! ¡llámame chulo, coño!- y seguía dándole al pobre muchacho que no entendía a qué venía todo aquello.
Por fortuna, no me tocó esta vez ser testigo directo de tal bajeza moral. Pero fui informado con exactitud al respecto por los presentes que lo vieron. Media clase recibió lo suyo antes de que nosotros llegásemos. Siempre me pierdo lo mejor, vaya.

Hacía cuatro años que se había muerto el Caudillo y muchos de aquellos antiguos profesores, educados en el Régimen, veían tambalearse su autoridad con la pujante y rebelde nueva generación que iba con pelo largo, vestía vaqueros ajustados, se interesaba por la sexualidad, acudía a mitines del PCE y escuchaba aquella horrible música. Menos mal que los que vinieron detrás nuestro eran aún más rebeldes, más nihilistas, más hedonistas e infinitamente más vagos que nosotros. No les quedó más remedio que reconocer el signo de los nuevos tiempos y adaptarse o jubilarse.


miércoles, 9 de enero de 2013

Cómo suicidarse con éxito

Vaya por delante que no estamos animando a nadie a cometer locuras. Al igual que el tabú del incesto, el rechazo al suicidio es universal en todas las culturas, por muy religiosas que estas sean. En Japón por ejemplo, el suicidio tiene mala prensa y es considerado un pecado horrible que deshonra a toda la familia. Tienen la creencia de que el espíritu del suicida debe repetir los últimos momentos de su vida toda la eternidad, a no ser que algún sacerdote o sanador sintoísta le consiga liberar. En occidente, incitar al suicidio está considerado como delito en el rango de homicidio.
Foto: B.R. el Blog de Bernar
Sin embargo, algunas veces la muerte por elección propia es la única salida digna a una situación insostenible. Tal es el caso de quienes escogen la eutanasia activa, aún prohibida en España, para lo que se tienen que desplazar a paises donde esta práctica es legal o cuasi legal. Previamente habrán contactado con una asociación secreta, cuyo nombre no vamos a revelar, que tras comprobar la necesidad del tratamiento, hacen una ficha al paciente. Este, paga una cuota anual bastante asequible, básicamente para costear los gastos de la propia eutanasia que es administrada a requerimiento del paciente-socio cuando decide que es el momento. Entonces, en una habitación secreta, austera pero confortable, el paciente recibe una dosis letal de pentobarbital sódico en un vaso de zumo de naranja o agua. En unos veinte minutos como máximo, la eutanasia se ha realizado con completa dignidad, limpieza y comodidad sin sufrimiento alguno para el paciente, evitando a los familiares el padecimiento añadido de una agonía extenuante y atroz.

Hoy vamos a tratar de los verdaderos suicidas, los que no padecen ninguna enfermedad terminal y se suicidan bajo la presion de una angustia vital insoportable. Si usted piensa en suicidarse, seguramente tendrá sus motivos bien fundados; no es nuestra intención hacerle cambiar de idea, así que no lea este artículo.

Si ha pensado en poner fin a su vida envenenándose, debe tener en cuenta que la mayoría de los venenos mortales suelen producir una muerte violentamente dolorosa, con horribles paroxismos y espantosos estertores. Es el caso del envenenamiento por cianuro, eficaz en su cometido pero terrible en su ejecución. Lean nuestro artículo sobre los venenos más tremebundos. Nuestra recomendación sería la cicuta, muy utilizada para las sentencias a muerte de la Antigüedad clásica, por producir una muerte más o menos tranquila. Pero los estertores finales son bastante penosos, ya que se paralizan los músculos respiratorios y se muere por una angustiosísima axfisia.
Foto: B.R. el Blog de Bernar

Tal vez su preferencia sea el arrojarse desde una considerable altura para morir aplastado contra el suelo. Es el suicidio de los arrebatados que tampoco se lo han pensado mucho. Sepa que no es tan fácil morir así: es fundamental que la altura sea superior a veinte metros, de lo contrario podría quedar lisiado de por vida, postrado y con serias dificultades para volverlo a intentar.

En lo que respecta al siempre socorrido ahorcamiento, deben saber que se arriesgan a una penosísima agonía si no saben bien cómo hay que ejecutar la maniobra. En realidad, es el pesado nudo que se apoya contra la nuca el que produce la muerte al romper el cuello, cuando la cuerda se tensa violentamente por el cuerpo en caída libre al finalizar de golpe su letal carrera. Es lo que hacen los verdugos; en ese caso la muerte es instantánea y todos los esfínteres del cuerpo se abren evacuando humores a toda presión, con el conocido efecto de morir cagando, meando y eyaculando a la vez, algo un tanto grotesco si le importa cómo le vayan a encontrar. Si no sabe el truquito del nudo y hace el típico nudo corredizo simple lo que le pasará es que morirá lentamente axfisiado por estrangulamiento al quedar cerrada la tráquea por la presión de la cuerda sobre el cuello. Tardará unos veinte minutos de terrible espera antes de que San Pedro le mande al Purgatorio. Piénselo bien.

Tampoco es fácil autosuministrarse la eutanasia ingiriendo benzodiazepinas, como diazepam o alprazolam, ya que estos medicamentos suelen incluir un componente que obliga a vomitar una vez sobrepasada una dosis de seguridad, precisamente para evitar suicidios por ingestión masiva. Para que funcione debe hacer lo siguiente: ingiera unos antihistamínicos con un buen vodka veinte minutos antes de devorar la caja entera de alprazolam. Esto evitará el vómito y obligará a su organismo a absorber todo el medicamento. Feliz viaje.

Electrocutarse en la bañera puede ser su opción. Es fácil, rápido y realmente no es doloroso siempre que el shock sea el suficiente. Puede meterse en la bañera con agua hasta las rodillas más o menos y aventar dentro la tostadora o el secapelos. Son electrodomésticos que no están tan bien aislados como una batidora, que al ser impermeable no conseguiría el efecto deseado. Eso sí, recuerde siempre enchufarlos y ponerlos en marcha antes de bañarse con ellos. También puede pelar un cable y, dejando el extremo pelado dentro del agua, enchufarlo a la red. Métase con los pies lo más sucios y sudados posible, para aumentar la salinidad del agua y mejorar su conductividad. Lo encontrarán un poco churruscado y con los pelos de punta.

Foto: B.R. el Blog de Bernar
¿Por qué no gasearse? Sin duda, es de los mejores métodos para abrir la puerta hacia el más allá. A pesar del pataleo final, es una muerte absolutamente indolora, prácticamente sin sufrimiento. Haga como Grômek: meta la cabeza en el horno de gas y abra los grifos a tope. Antes de cinco minutos estará jugando al mus con el diablo. También puede meterse en el coche dentro del garaje cerrado y ponerlo en marcha. Muchas muertes accidentales ocurren así, sin que el finado se dé ni cuenta de que ya está caminando entre los espíritus. Lo mismo pasa con los braseros, fosas sépticas y también con las cubas de vino: es el CO, monóxido de carbono, que produce lo que se llama "muerte dulce". Envenenarse con monóxido es el método favorito de los suicidas que van muy en serio, tienen poco dinero y lo tienen muy bien pensado. Es irreversible, una vez envenenado no hay rescate posible. Además es fácil y barato: enciérrese en una habitación lo más pequeña posible con un brasero u olla grande donde pueda hacer una fogata con abundante carbón vegetal. La combustión pronto consumirá el oxígeno de la habitación. Procure que el recipiente tenga una salida angosta para que la combustión no sea óptima y se produzca mucho monóxido. La muerte, completamente indolora, le sobrevendrá sin que se de cuenta de ello: caerá dormido y se acabó.

Tal vez prefiera el teatral drama del suicidio con arma de fuego, típico de los suicidios por deshonor. Aquí suele haber no pocos accidentes que se saldan con el suicida postrado de por vida como un vegetal. Para que el disparo sea efectivo, no apunte a cualquier lado de su cabeza; un error común suele ser apoyar el cañón en la sien y accionar el gatillo. Sepa que no es un disparo mortal de necesidad, es más, la mayoría sobreviven a ello. Debe hacerlo de una de estas dos maneras: apunte justo debajo de la nariz y encima del labio, con un ángulo de unos 45 grados hacia arriba; o bien introduzca el cañón en la boca y, apuntando al paladar, accione el gatillo. Sólo tendrá una oportunidad, apunte bien. Producirá un destrozo cerebral irreversible que le matará. Utilice siempre balas, nunca posta y menos perdigones. Si usa balas explosivas, es definitivo.

Cortarse las venas es una salvajada, pero muchos eligen esta vía para coger el tren del destino. Deben saber que para que esto sea efectivo, el corte lo tienen que realizar longitudinalmente sobre las arterias del antebrazo. Si lo hacen como se ve en las películas, transversalmente, lo más probable es que se cierre la herida y además se corten los tendones. Otros prefieren la siempre infalible arteria carótida que al ser seccionada produce un rápido desmayo al quedar cortado el riego cerebral; la muerte llega unos tres minutos después. La verdad, acojona un poco.

Foto: B.R. el Blog de Bernar
Si tiene buenos contactos, tal vez pueda conseguir unos gramos de Pentobarbital sódico, utilizado como antes señalábamos en la administración de la Eutanasia. Este principio activo se encuentra en medicamentos legales que se pueden obtener fácilmente por prescripción facultativa, pero no revelaremos cuáles son por razones obvias. De otro modo, hay que buscarlo en el mercado negro a unos 300€ por quince gramos. La dosis letal es de unos cinco gramos; los suicidas ingieren unos ocho para asegurarse. Es una muerte placentera y tranquila, incluso mejor que la ocasionada por CO y por sobredosis de opiáceos como la diacetilmorfina. No hay angustia, ni estertores siniestros, ni por supuesto dolor, ni sensación de ahogo. El paciente pasa del sueño profundo al otro lado sin el mínimo temblor. El método que sin duda escogería para abandonar este mundo con la dignidad requerida.

Espero que nuestro artículo les haya sido de utilidad, algo que evidentemente nunca podremos saber, y que les haya sido de ayuda para aclarar sus ideas al respecto. Respetamos su decisión y esperamos que tomen la que tomen, sea la acertada. Sobre todo, es su última decisión y es tal vez lo único verdaderamente suyo que aún tiene. No permita que otros le roben su voluntad con subterfugios del Derecho más mentiroso de Europa. No les vamos a dar vanas esperanzas. Piensen los años de sufrimiento que se habrían ahorrado si hubieran leído esto a tiempo, ya que por lo general, las situaciones malas, lejos de resolverse, siempre van a peor. Hoy le han quitado su casa y mañana le arrebatarán a su familia, así hasta desposeerle de todo lo suyo para convertirle en una piltrafa humana que sollozará de agradecimiento por una palabra amable. No es malo reconocer que se ha perdido la partida. No permita que otros sean dueños de su vida para amargársela mientras ellos se divierten a su costa. Por una última vez, sea usted el ganador. No haga caso a los que se alimentan espiritualmente de intentar salvar a suicidas de sí mismos. Por lo general son gente bastante mezquina que tiende a creerse mejor que los demás. Y nunca, nunca solucionarán la serie de nefastos acontecimientos encadenados y desgracias sin fin que le llevó a tomar esta drástica decisión. Piense en esto y decídase, pero no dé la lata a nadie con que se quiere matar, no es elegante.